Siempre con Amor: La Historia de Rosa

20260528_200512_8503B7

En el mes de mayo, nuestras compañeras Sami, Lica y Rosa viajaron por México, Guatemala, Honduras y Costa Rica para conectar con socios y personas de Dios en todas partes que están respondiendo a los problemas de desplazamiento forzado, como parte de un proyecto de narración en desarrollo. A continuación, se presenta la experiencia de Rosa. (Español original abajo)

Este mes pasado, visitamos varios lugares en el sur de México, así como Tecún Umán en Guatemala, San Pedro Sula, La Lima y Choloma en Honduras. Llegamos hasta San José y Los Chiles en Costa Rica, e incluso hasta una sección de la frontera con Nicaragua. Nunca imaginé lo que encontraría en cada uno de estos lugares: personas a las que llevaré en mi corazón para siempre.

Para reunirme y conectar, de corazón a corazón y de espíritu a espíritu, con voluntarios, misioneros, hermanas religiosas, líderes comunitarios, sacerdotes, laicos y pastores; todas personas valientes y con coraje que aman a su prójimo y aman servir, ¡simplemente porque sí!

Una de las personas que conocimos fue Sheyla, una joven valiente. Es diseñadora de interiores, pero lo que más le apasiona en este momento es ser misionera a tiempo completo con el Ministerio de Movilidad Humana en Honduras. Compartió que escuchar la historia de cada persona la motiva a servir con profunda dedicación. Nos contó que a veces su familia y amigos no entienden por qué está tan enfocada en esta etapa de su vida como misionera. Sheyla dice: “Yo tampoco lo entiendo del todo, pero amo estar en esta ciudad, abrazar a quienes necesitan un abrazo, sonreír cuando alguien necesita un poco de paz y acompañar a quienes de repente sienten que caminan solos”.”

Similar a Sheyla, conocimos a la Hermana Ana en Tapachula (justo en la frontera sur de México), quien, sin imaginar nunca cómo sucedería, ahora supervisa el Centro de Lenguas Interculturales, donde se imparten clases de español a nuestros hermanos haitianos. Doce maestros voluntarios atienden a unas 350 personas cada mes, y esto es durante un tiempo en que los flujos migratorios han disminuido. Personas bondadosas incluso han ofrecido sus hogares para que estas clases puedan tener lugar. El espíritu de servir y amar sin reservas está vivo allí; se puede ver y sentir en cada rincón de esa casa.

Nos dimos cuenta de que la mayoría de nosotros no éramos las personas más calificadas para estar haciendo lo que hacemos hoy. Tomemos a las hermanas Lita y Beatriz en Choloma, quienes ahora dirigen el albergue para migrantes en Choloma, Honduras. Ellas compartieron con nosotros cómo, hace unos años, durante una gran crisis y una gran llegada de personas a la comunidad, Beatriz se encontró preguntándose: “¿Cómo puedo ayudar? Solo sé hacer tortillas”. Y eso es exactamente lo que hizo. Al igual que Lita, que hornea pan delicioso, pan que estamos ansiosos por probar algún día cuando regresemos a Choloma y nos volvamos a encontrar. Eso fue lo que hicieron: ofrecieron sus dones y talentos al servicio de los demás, por amor.

Y hay muchas más historias. Siempre recordaré esos rostros y las experiencias que compartimos, su apasionada forma de servir y la manera en que respondieron a un llamado de lo alto, a menudo con las manos vacías, pero con corazones llenos. Gracias por su fuerza infinita. Gracias por sus corazones valientes. Gracias por decir sí y por levantar la mano en momentos de gran necesidad.

Regreso con inspiración. Regreso con un reto aún mayor. Regreso a mi querida Ciudad Juárez con la pregunta persistente: ¿Cómo? ¿Cómo honrar a esta gente valiente que ha acogido a nuestros hermanos migrantes en su camino por sus países? Lo intentaré aquí en Ciudad Juárez, tal como ustedes lo hacen en su comunidad. Siempre con amor.

Escrito por Rosa Mani Thomas, Abara

__________________________

Este mes pasado estuvimos visitando varios lugares en el sur de la República Mexicana, así como también visitamos Tecún Umán en Guatemala, San Pedro Sula, La Lima y Choloma en Honduras. Logramos llegar a San José y Los Chiles en Costa Rica, y también a una parte de la frontera con Nicaragua. Jamás me imaginé lo que encontraría en cada uno de los lugares, personas que llevaré para siempre en mi corazón.

Poder conocer y conectar a ojos y corazones con voluntarios, misioneros, religiosas, líderes y lideresas comunitarias, sacerdotes, laicos, pastores, todos ellos valientes, valientes que aman al prójimo y aman servir ¡simplemente porque sí!

Una de las personas que conocimos fue Sheyla, una joven valiente. Ella es diseñadora de interiores, le apasiona lo que está haciendo ahora mismo, ser misionera a tiempo completo en la pastoral de movilidad humana en Honduras. Ella relata que al escuchar cada historia le motiva a servir con gran entrega. Ella nos contó que a veces la familia o amigos no entienden por qué ella está tan enfocada en esta etapa de su vida a ser misionera. Sheyla dice: "Yo tampoco lo entiendo, pero amo estar en esta ciudad abrazando a quien necesita un abrazo, sonriendo cuando alguien necesita un poco de paz y acompañando a quien de pronto se siente que está caminando solo".

Así como ella, la Hermana Ana en Tapachula (exactamente en la frontera sur de México), quien sin saber exactamente cómo sucedió, hoy atiende El Espacio Intercultural de Idiomas, donde se brindan clases de Español para nuestros hermanos Haitianos. ¡Son 12 profesores voluntarios quienes atienden cada mes alrededor de 350 personas! Y esto en el tiempo actual donde el flujo migratorio ha descendido, personas de buen corazón han prestado la casa para que se puedan llevar a cabo las clases. El corazón de servir y amar sin reservas es latente y se ve y se siente en cada espacio de la casa.

Coincidimos en que la mayoría de nosotros no éramos los más capacitados para hacer lo que hoy estamos haciendo, como nuestras hermanas Lita y Beatriz en Choloma, quienes hoy están a la cabeza de la casa del migrante en Choloma, Honduras. Ellas nos cuentan y nos recuerdan que hace unos años, en medio de una grave crisis y una gran llegada de personas a la comunidad, Beatriz se preguntó: «¿Cómo puedo ayudar? Yo solo sé hacer tortillas», ¡y eso fue lo que hizo! Al igual que Lita, quien hace un rico pan que estamos ansiosos por probar algún día y volver a Choloma para encontrarnos de nuevo. ¡Y eso fue lo que hicieron: entregaron sus dones y talentos al servicio de los demás por amor!

Y así muchas más historias, siempre estaré recordando esos rostros y vivencias compartidas, su manera apasionada de servir y la forma en que respondieron al llamado que viene de lo alto, ¡muchas veces con las manos vacías, pero el corazón lleno! ¡Gracias por sus fuerzas interminables, gracias por su corazón valiente, gracias por decir que sí, y levantar la mano en momentos de gran necesidad!

Regreso inspirada, regreso con un reto mayor, regreso a mi querida Ciudad Juárez con la pregunta que me inquieta cada día: ¿Cómo? ¿Cómo honrar a estos valientes que han acogido a nuestros hermanos en movilidad cuando están de paso por sus países? ¡Intentaré hacerlo aquí en Ciudad Juárez, igual que tú en tu comunidad! ¡Siempre con amor!

– Escrito por Rosa Mani Thomas, junio de 2026